miércoles, 29 de diciembre de 2010

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Tantas veces escuché nombrar esa película, tantas veces la agarré empezada y tantas veces tuve que cambiar de canal (obligada) porque mi familia no quería ver otra película de amor.
Hermosa, simplemente hermosa. Esa película es divina en muchos aspectos. El espectador espera impacientemente ese final en el que ella ve a su "verdadero amor". Esos últimos 5 o 10 minutos en los que él le confiesa su amor, ella lo rechaza de alguna manera y más tarde se encuentran... son increíbles.
Por un lado, detesto las películas de amor porque me parecen totalmente irreales. Pero, por otro lado, me encantan porque me hacen creer a veces en lo imposible. Me hacen creer que, aunque las probabilidades son pocas, las cosas más locas pueden pasar cuando menos nos lo esperamos.
Tampoco es cuestión de vivir en un cuento de hadas, pero no hay que negarse ante cualquier oportunidad de felicidad. No hay que analizar cada una de esas oportunidades en profundidad... a veces es necesario dejarse llevar o simplemente elegir al azar. Ser inesperado, en ciertas ocasiones, es la mejor opción.

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